Más de la mitad de los inmigrantes que llegan a España abandonan el país por la falta de empleo estable y el alto coste de la vivienda
De los 15 millones de extranjeros que llegaron entre 2002 y 2024, solo siete millones se quedaron, según un estudio de Funcas
Migrantes asisten al pabellón 2 del recinto ferial de Montjuïc (Barcelona) para acogerse al proceso extraordinario de regularización
Más de la mitad de los inmigrantes que llegan al país lo terminan abandonando por la falta de empleo estable, de vivienda asequible y de estabilidad económica. Esa es una de las principales conclusiones del estudio Los límites de la inmigración para el ajuste demográfico en España, publicado este martes por Funcas. El documento de la fundación de las antiguas cajas de ahorros cuestiona la idea de que la inmigración pueda resolver por sí sola el declive demográfico español, e insiste en que el país ha desarrollado un modelo capaz de atraer grandes flujos de población extranjera, pero tiene enormes dificultades para retenerlos a largo plazo.
Entre 2002 y 2024, cerca de 15 millones depersonas nacidas en el extranjero iniciaron su residencia en España. Sin embargo, el aumento neto de la población inmigrante en ese periodo fue de apenas siete millones. Es decir, que más de la mitad de quienes llegaron acabaron marchándose pocos años después. Esto se traduce en una tasa de retención cercana al 48%, uno de los niveles más bajos de Europa, muy lejos del 60% que registran Alemania o Suecia.
El informe, elaborado por los investigadores Héctor Cebolla Boado y María Miyar Busto, describe este fenómeno como una “estrategia de mantenimiento demográfico externo” basada en la necesidad de sostener continuamente nuevas entradas para compensar las salidas.
Detrás de la baja tasa de retención están las dificultades económicas. Los expertos inciden en que, aunque la falta de acceso a la vivienda es un problema generalizado, tiene un efecto especialmente disuasorio entre quienes aún no han consolidado su vida en el país. El encarecimiento del coste de la vida, sumado a los bajos salarios y a la falta de vínculos familiares, propicia que muchos terminen regresando a sus lugares de origen o trasladándose a otros países europeos con mejores salarios y menor tensión residencial. Esto se ve reflejado en las estadísticas, donde hasta hace unos años España solo conseguía retener más inmigrantes que Chipre, Eslovenia, Estonia, Grecia y Polonia.
La elevada rotación tiene consecuencias económicas. Los trabajadores que perciben su estancia como temporal difícilmente echan raíces, por lo que invierten menos en formación, aplazan decisiones de compra importantes y suelen cambiar de trabajo con frecuencia. El resultado es un mercado laboral más inestable donde cuesta consolidar trabajadores cualificados, lo que impacta en la productividad.
El informe cuestiona además otro de los grandes consensos del debate migratorio, que es la idea de que la llegada de población foránea pueda revertir la caída de la natalidad. Aunque cuatro de cada 10 niños en España tienen familia migrante, los investigadores sostienen que el efecto es coyuntural, porque las tasas de fecundidad de las mujeres extranjeras convergen en el largo plazo con las de la población española. De hecho, en apenas una generación, los descendientes de inmigrantes reproducen los mismos patrones demográficos que el resto del país. Según el estudio, el 81% de la caída de los nacimientos desde 2009 se explica por el simple hecho de que las familias deciden tener menos hijos, y no por la falta de mujeres en edad fértil.
A la baja natalidad se suma el envejecimiento de la propia población extranjera. Buena parte de quienes llegaron durante el gran ciclo migratorio de principios de siglo se acerca ahora a la jubilación. Según Funcas, el año pasado el 22% de los inmigrantes residentes tenía 55 años o más, lo que se traduce en unas dos millones de personas. A ellos se suman los nuevos residentes. Por ejemplo, entre 2021 y 2024, casi una de cada cinco personas que entraron en el país superaba los 55 años.
La distribución territorial agrava además losdesequilibrios demográficos. Los flujos migratorios se concentran sobre todo en Madrid, Cataluña y Baleares, mientras que regiones especialmente afectadas por el envejecimiento y la despoblación —como Asturias, Galicia o Castilla y León— apenas reciben un impacto rejuvenecedor. El patrón responde, otra vez, a una lógica económica. La población se establece donde hay empleo, oportunidades y redes previas que les acojan. Estas condiciones se concentran en áreas metropolitanas y zonas litorales, no en las regiones más envejecidas. Y en consecuencia, la inmigración más que traer equilibrio a la balanza, “tiende a reforzar las dinámicas existentes”.
El resultado, sostiene Funcas, es un modelo que funciona bien para “comprar tiempo” en el corto plazo pero que muestra signos claros de agotamiento ante la falta de una planificación estratégica. El documento insiste en que “en ausencia de cambios en las pautas reproductivas o en la composición de los flujos migratorios, su capacidad para compensar el envejecimiento tenderá a reducirse con el tiempo”. Como parte de este panorama, los analistas proyectan que para 2040 habrá más de cinco personas que superen los 50 años por cada menor de 15 años.
