Aitana y el baile de la vergüenza

Aitana y el baile de la vergüenza

La artista llenó por tercera vez el Wizink Center de Madrid y puso fin a su gira de 'Alpha Tour' en España

La polémica estalló cuando Aitana inició su gira de 'Alpha Tour' en Valencia. Una madre, que supuestamente había acudido al concierto, escribía en X (antes Twitter) que había tenido que salirse del show con su hija de 7 años porque la cantante tenía una coreografía muy explícita y sexualizada: “Acabo de estar en ese concierto con mi hija de 7 años y hemos tenido que irnos de allí al igual que muchos padres con sus hijos. Esperamos un concierto familiar y para los niños. Espero que Aitana pida disculpas por esta actuación tan pornografica”, decía el tuit en cuestión.

Esa fue la chispa que prendió la llama. Los medios se hicieron eco y la bola siguió creciendo. En su siguiente concierto en Málaga antes de empezar la actuación de miamor, canción de la coreografía en cuestión, la catalana respondía a la polémica: «Deciros que en la vida os sintáis libres de hacer lo que os apetezca», exclamó emocionada y eufórica.

De nuevo, al día siguiente, muchos medios volvieron a la carga contra la cantante. ”Aitana vuelve a repetir su polémico baile en Málaga y enciende a sus fans con un mensaje reivindicativo”. “Aitana desoye las críticas y repite bailes eróticos en sus conciertos”, estos son algunos de los titulares sobre dicho concierto. Las redes volvían a incendiarse.

Hay quien no entiende por qué la cantante tiene que hacer un baile tan explícito. Hay quien dice que Aitana se debe a sus fans, muchos de los cuales son niños y niñas, y debe pensar en ellos. Y luego, están los que dicen que Aitana es de todo menos una mujer feminista y empoderada por mostrarse así ante el público.

El debate sobre el baile de Aitana

Este debate sobre lo que hace una cantante sobre el escenario estuvo — y sigue estando- sobre la mesa. Escandaliza que una chica de 24 años, que habla sobre el amor y el desamor, simule durante 3 segundos que está teniendo una relación sexual. Sin embargo, socialmente se pasa de puntillas por noticias como que este 2023 ya hay 55 mujeres que han sido presuntamente asesinadas por su pareja o expareja.

Horroriza que la cantante se tire al suelo y mueva la pelvis, porque algunos dicen que es una coreografía muy sexual, pero las redes y la sociedad no se escandalizan tanto con el último estudio de Save the Children, donde se expone que casi 7 de cada 10 menores consumen contenidos pornográficos o que la edad media a la que acceden por primera vez a la pornografía es a los 12 años, aunque hay un 8,7% que lo hacen antes de los 10.

Lo peor de todo es que ese primer tuit que incendió las redes no era real. No se trataba de una madre que había acudido al concierto sino un chico que se cambió la foto y el nombre de perfil para “gastar una broma”.

Por lo que sí, el baile de Aitana es una vergüenza, pero es una vergüenza para la sociedad. Pone de manifiesto la doble moral que sigue habiendo en cuestiones relacionadas con el sexo y las mujeres.

La industria es la que manda

Sin embargo, la verdadera pregunta que nos deberíamos hacer es: ¿hasta qué punto son las artistas las que deciden cómo se quieren mostrar?

A raíz de esta “falsa polémica” las redes también se llenaron de mensajes contra la propia industria musical. Uno de los argumentos más repetidos es que las mujeres, sobre todo aquellas que se dedican al género del pop, tienen que desarrollar un show espectacular: puesta en escena, coreografías de infarto, ropa llamativa y casi siempre provocativa… mientras que los hombres se suben al escenario con su micro y un juego de luces.

¿Tiene que haber tanta parafernalia para que a una mujer se la tome en serio encima de un escenario? ¿Es necesario que se conviertan en un producto?

Aitana quiere romper con su imagen de niña buena, y es totalmente lícito. Pero por el camino ha perdido parte de su esencia como artista: su voz.

Presenta un show donde la base musical está por encima de su propia voz y no se le escucha. Los bailes de infarto hacen que en ocasiones se ahogue y no llegue. Como artista está en su derecho de tomarse todas las licencias que quiera para explorar nuevas vías y opciones, pero su esencia como artista y la calidad no pueden verse comprometida por esos factores externos.

Aitana podría subirse al escenario acompañada de un piano y llenar ella sola el escenario. No le hace falta nada más, pero para eso tiene que darle una patada a las exigencias de la industria musical.

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