El mundo en los ojos de Polina Berezina

El mundo en los ojos de Polina Berezina

Polina Berezina le da mucha importancia a lo visual, a lo estético. No como algo peyorativo, sino por el mero gusto por la belleza.

Ella es gimnasta rítmica, además de estudiante de Comunicación Audiovisual. Estas dos facetas de su vida le hacen ver el mundo de manera diferente, pero cuando los cierra lo imagina de un modo más grande todavía: Polina Berezina no sueña en pequeño.

Es por ello por lo que, como gimnasta, se ha puesto una meta de esas increíbles: llegar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, en 2021.

Perder un año en un deporte con 'poca duración'

Sin embargo, la realidad no siempre es tan bonita como en la mente de Polina Berezina.

A pesar de acabar el 2020 como Campeona de España, la gimnasta no pudo adornar el año pasado.

“El año 2020 de verdad que ha sido súper complicado y una de las peores experiencias que he vivido, porque al final te preparas toda una vida por un único objetivo y te cortan todo de raíz y no sabes lo que va a pasar. Realmente es que no sabíamos si se iban a volver a hacer las competiciones o no, si vamos a ir a unos Juegos Olímpicos o no… Entonces ha sido muy complicado y más que física, psicológicamente”, recuerda.

Con la ayuda de la selección y de su equipo, Berezina salió adelante con las miras puestas simplemente en regresar al tapiz. Ese tapiz que le vio proclamarse campeona de España en la primera competición que disputó después de marzo, en diciembre.

“No estaba pensando en quedar campeona o no, sino que estaba deseando volver a salir al tapiz, volver a mostrar mi trabajo y volver a sentir esas emociones aunque fuese sin público”, expresa.

‘Perder’ un año se antoja especialmente complicado en un deporte como la gimnasia rítmica en el que, quitando excepciones, la carrera de una atleta es muy corta.

“Perder un año sin competir en gimnasia rítmica supone muchísimo. Ahora me estoy dando cuenta de que, cada año que pasa, es muchísimo más difícil entrenar para ponerse en forma, mejorar. Al final la flexibilidad la vas perdiendo quieras o no”.

“Pero por otro lado ganas muchísima experiencia. Y este año ha tenido muchas cosas negativas, pero yo lo he visto todo desde el lado positivo de que de verdad he tenido un año más para mejorar, para subir mi nivel de gimnasia y para poder de verdad luchar por esa plaza Olímpica. ¿Ha sido duro? Sí, pero a la misma vez ha sido muy positivo y lo hemos aprovechado a pesar de la edad, a pesar de que este deporte es cortito”, sentencia Berezina.

Las posibilidades de cara a Tokio 2020

Berezina lo consiguió superar, y ya está de nuevo en camino hacia sus primeros Juegos Olímpicos.

Para lograr la clasificación, tanto ella de manera individual como España en conjuntos, necesita realizar buenos resultados en las próximas competiciones internacionales, que arrancarán el 23 de marzo con la primera prueba de la Copa del Mundo.

“Nos jugamos tres plazas en cuatro Copas del Mundo, que se van a celebrar en Sofía; la segunda en Tashkent, Uzbekistán; la tercera en Bakú, en Azerbaiyán; y la cuarta en Pesaro, en Italia. Y por último, en el mes de junio se va a celebrar el Europeo clasificatorio en Varna, en Bulgaria, y ahí nos jugamos ya la última plaza clasificatoria para Tokio”, recoge Berezina.

Individualmente se ve con opciones de llegar.

“Estoy tan ilusionada con ir a unos Juegos Olímpicos que para mí esto ya es una posibilidad. Yo creo que sí que se puede conseguir al final. Para ello estamos trabajando día a día, sudando, luchando con los dolores, con la edad, con todo y superando los obstáculos para conseguirlo. Creo que al final todo trabajo tiene que tener su gran recompensa”, asegura la gimnasta, de 23 años.

No se puede comparar a estas dos generaciones

A nivel grupal, España está inmersa en un cambio generacional.

La selección española de gimnasia rítmica logró en Río 2016 la medalla de plata, que fue la segunda en la historia de esta nación por conjuntos en los Juegos, tras el oro logrado en Atlanta 1996.

De aquel combinado de Río, poco queda ya y no todo el mundo recuerda que el equipo es diferente. La presión es palpable.

“Siempre ha habido esa comparación y más con el equipo sénior. Veían a las conjunteras mayores que han conseguido una plata Olímpica y la nueva generación obviamente no partía desde ese mismo nivel. Eran nuevas. No tenían una experiencia. Yo he vivido con ellas durante dos años y han hecho un gran trabajo para luchar por esa plaza. Es verdad que el código ha cambiado mucho desde el ciclo de Río al de Tokio. Por lo tanto, la adaptación de verdad ha sido muy dura y yo lo he vivido en primera persona y considero que no se puede comparar esas dos generaciones. Espero que poco a poco podamos seguir subiendo el nivel y seguir adaptándonos a todos los cambios. Pero es que es muy difícil. Yo creo que lo han dado todo por conseguirlo”.

España tiene complicado conseguir la clasificación por conjuntos, pero Berezina confía en las posibilidades de sus compañeras.

“Yo confío en que todo puede pasar. Lo del coronavirus tampoco lo sabíamos, y, mira, al final ha pasado. Las chicas han tenido un año más para trabajar, el equipo ha podido mejorar muchísimo el nivel, el trabajo, el aparato, los ejercicios. Por lo tanto, yo creo que sí que hay posibilidades tanto para el conjunto como para las individuales”, sentencia.

Todos los deportistas que llegarán a esos Juegos Olímpicos han superado lo peor para estar ahí y eso nos va a unir un poco a todos

Los Juegos de la unión

Independientemente de si se logra o no la clasificación, Berezina tiene claro que los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 marcarán un antes y un después.

“Estos Juegos Olímpicos concretamente van a entrar en la historia porque ya no ha sido un ciclo de cuatro años, sino de cinco. Y encima con el coronavirus, que no podíamos entrenar, y todos los obstáculos. Y considero que todos los deportistas que llegarán a esos Juegos Olímpicos de verdad que han superado lo peor para estar ahí”, admite.

“Esto al final también nos va a unir un poco a todos, porque ahora sí que si tenemos algo muy en común. Absolutamente todo. Todos hemos vivido esta situación y no hay nadie que se haya salvado. De verdad que estos Juegos Olímpicos creo que son los más deseados”, prosigue la gimnasta española.

Gimnasia en la escuela rusa y escuela española

Antes de soñar con los Juegos, Polina Berezina ya practicaba gimnasia rítmica.

Aunque nació en Rusia, con tres años su familia y ella se mudaron a España y con siete se apuntó a este deporte. Su potencial saltó a la vista desde el principio, y pronto recaló en el Club Torrevieja -en el que milita actualmente también-.

Sin embargo, la crisis económica que azotó España con severidad a comienzos de la segunda década del siglo, obligó a Berezina y su familia a volver a Rusia.

Allá siguió practicando este deporte y con 18 años, tras acabar los estudios obligatorios, regresó a España.

Esto le hizo a Polina crecer entre dos escuelas de gimnasia rítmica antagónicas: la española y la rusa.

“Los dos métodos son exigentes, pero sí que hay diferencia”, reconoce.

Este mix hizo de Polina Berezina una de las gimnastas más destacadas de España, y todo esto sin ella darse del todo cuenta. Sin tomarse la gimnasia como nada más que una afición -aunque siempre con disciplina-, en 2015 tenía previsto dejarlo. Sin embargo, una desilusión le hizo cambiar de idea.

“Estaba en el Mundial clasificatorio para Río y salía sólo con un aparato para el ejercicio de cinta. Tenía en mente dejarlo después de esa competición porque para mí era muy duro y sacrificaba mucho, así que dije ‘Ya está, no quiero más’. Y salí al tapiz, me estaba saliendo el ejercicio perfecto y al final del todo lancé la cinta y la saqué fuera del tapiz. Se me cayó el mundo encima. Dije ‘No puede ser que en una competición que pensaba que era mi última me haya pasado esto’”, cuenta.

“Y tras estar pensando una semana sin dormir, sin comer, pasándolo fatal, dije '¡Así no me voy a ir de la rítmica, hasta que no llega lo más grande no me voy!'. Y le di una vuelta a toda la situación”.

Así salió hacia delante y se le borró la idea de la retirada. Ni siquiera ahora ve el final de su camino.

El proceso artístico

No solo es que no contemple su retirada, sino que está inmersa en un proceso completamente contrario: el de los exigentes entrenamientos para crear la obra perfecta en el tapiz de la gimnasia rítmica.

“Creo que la parte más complicada, y que solo empiezas a entender con la edad, es el trabajo del día a día. Yo hubo años que venía a entrenar desganada, y pensaba ‘Seis horas de entrenamiento no quiero, me duele esto, me duele lo otro’”, reconoce.

Sin embargo, el 2020 le ha dado una gran enseñanza a Berezina.

“El año pasado me di cuenta de que realmente lo que tienes que disfrutar es el día a día. Si no, yo creo que es imposible conseguir los sueños que quieres, porque tienes que amar lo que haces. Ahora cada día llego con una alegría de que estoy ahí, haciendo lo que me encanta, estoy aprendiendo, estoy esforzándome, sudando, aguantando dolores y sé porque lo hago: por mi sueño”.

En su día a día no solo hay mucho de soñar ni mucho de exigencia, sino también de creatividad.

“Ahora que tengo un ejercicio con la música de Harry Potter. Fue idea mía porque me encanta Harry Potter, entonces me hacía muchísima ilusión por sacar un ejercicio con esa música. Luego los maillots, cada mínimo detalle, su color… Todo eso lo hablamos con la diseñadora, con la entrenadora y, entre todas, hacemos lo que más nos gusta”, explica.

Precisamente este proceso creativo es algo que no se le va de la cabeza. Escuchar una canción en el coche o en el supermercado no es igual para Polina Berezina que para cualquier otra persona. Ella escucha una potencial canción con la que ofrecer su propia actuación.

“Mi cabeza ahora mismo no descansa del deporte”, dice entre risas.

Otra comunicación visual

Sus ejercicios son una manera de comunicar mensajes visualmente a través del deporte.

Pero esto es algo que quiere seguir realizando de manera profesional. Berezina estudia Comunicación Audiovisual en la UCAM de Murcia. “Me paso muchas noches sin dormir para para sacar las asignaturas”, reconoce.

Sin embargo, no valoraba seguir en el deporte sin estudiar. Esto le permite soñar a largo plazo.

“Fuera del deporte, mi sueño es ser directora de cine. Me gusta muchísimo. La verdad es que le doy muchísima importancia a la estética. Y, por ejemplo, cada vez que veo la tele o películas siempre lo analizo todo al mínimo detalle”, asegura Berezina, aunque con cautela afirma que hay que ir “poco a poco”.

Sin duda, este es un punto en común de su carrera universitaria y su deporte. Ella ve las cosas de manera diferente, y la vida, en el tapiz o a través de la cámara, cambia en la mirada de Polina Berezina.

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